No es fácil escribir sobre lo que uno hace y vive. No es fácil cuando lo que prima en
nuestra sociedad es el pragmatismo que, ayudado por la ciencia y la tecnología, organiza
vidas de tal manera que el ocio solamente es negocio, centros comerciales, televisión
basura, manipuladores que nos dejan sin memoria, manipuladores de masas que tratan de
robarnos esos espacios de silencio necesarios para la creación, para escuchar el sonido
del viento, para perdernos en la distancia, para la poesía, la música, la pintura, para la
diversión natural del ser humano sin estar supeditado al apoyo artificial. ¿Qué sucedería si
la tecnología en la que nos apoyamos para andar en esta sociedad se marcha sola?
¿sabríamos andar con libertad, desde la libertad, cuando nos hemos olvidado de ella?.
Afortunadamente a mi me queda la pintura. El lenguaje que utilizo, la tribuna que es la
pintura, sus formas, son solamente una manera de exteriorizar lo que, con el devenir de la
vida, he ido interiorizando; en este sentido he querido estar por encima de las modas del
momento haciendo caso omiso a lo que estas me dictan. Un paisaje, una nube, una playa,
son algo más que un mero encanto decorativo; son algo más que un momento encontrado,
“arrestati, sei bello” decía Fausto en su Mefistófeles, sí es algo más que simplemente bello.
Es un espacio vacío que requiere de la sensibilidad del espectador para llenarlo y así llegar
al otro lado de la luz donde la realidad es esencia, es humo evanescente, es bruma que
acaricia la montaña, es huella, es luz y futuro, es …el espacio para la inmensidad, para la
creación desde la nada.
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